“¿Dónde está Jorge Arrate?” es la pregunta que se hacía Alexis Cortés en esta misma web. Si bien creo que la pregunta está bien formulada, y además respondida de forma muy clara, hay una pregunta previa que el autor parece no haberse hecho: ¿Dónde está la Izquierda? Veremos que para esta pregunta, por ahora, sólo cabe esperar sentados una respuesta, mientras el pueblo de Chile, a quién se debe, ve pasar el segundo Tsunami frente a sus vidas, el copamiento inmoral y antisocial de todo espacio público y privado en búsqueda del lucro.

La Izquierda en Chile es básicamente el Partido Comunista, la principal fuerza política de la coalición que levantó a Jorge Arrate como candidato, y el Partido Socialista, la fuerza más leal a la ex presidenta Bachelet y a la candidatura de Eduardo Frei. También existe, por otro lado, la coalición formada con el nombre de “Nueva Mayoría”, que se levantó en torno a la candidatura de Marco Enríquez-Ominami. Por último, está la horda de grupúsculos que al no tener iniciativa propia quedan subsumidos en la política de cualquiera de estos tres bloques, ya sea por acción u omisión.

Así las cosas, la Izquierda parece estar muy diversa y enfocada en distintos objetivos, pero pareciera tener una característica común: demuestra un altísimo grado de confusión -política, orgánica o ideológica- tras el triunfo de la Derecha en enero del presente. Primero, el Partido Socialista se envuelve en una de sus periódicas guerras fratricidas por la conducción de la colectividad, donde las pugnas ideológicas quedan aplastadas por los deseos de supervivencia de la élite concertacionista derrotada el 17 de enero. El laguismo sale a levantar y bajar pulgares ante los candidatos a presidir la colectividad, mientras el desorden cunde tras la partida de Escalona, responsable directo o indirecto de las salidas de Arrate, Navarro y ME-O, aunque también de lograr una disciplina y lealtad en el partido hacia la gestión de Bachelet que no se vio en los demás partidos del arcoiris. El PS ha tenido de todo estos últimos días, desde líos de alcoba hasta opacos aniversarios de fundación, mientras los cuchillos largos se afilan a la espera de las elecciones internas que, gane quien gane, la sangre probablemente llegue al río. Lo que no ha tenido es una posición clara que salir a ofrecerle al país, una alternativa de Izquierda progresista que esperan muchos que pusieron sus votos mirando la tienda de Allende.

Por otra parte, el Partido Comunista después de su fácil victoria al conseguir entrar al parlamento con tres diputados (además de entrar de facto a la Concertación) ha tenido un despliegue timorato ante el ascenso de Piñera y la clase patronal al poder del Estado. Si bien es entendible que los comunistas no puedan salir a radicalizarse desde el parlamento, tampoco es entendible que no hagan por lo menos justicia con su política. El PC no ha tenido voluntad de lucha contra el empresariado empoderado del ejecutivo a la vez que ha delegado la vocería de los principales temas de la agenda hacia sus nuevos socios de la otrora alianza gobernante. Así, los titulares de su principal órgano, El Siglo, dan cuenta de que las centralidades en la agenda del PC tienen que ver con como explicar el terremoto y tsunami, con un presunto violador de DDHH en gendarmería o con el manifiesto conflicto de interés en el nombramiento del director del CNTV y de TVN por parte del presidente de la República. Poco hemos sabido de defender a los trabajadores o de la reconstrucción nacional desde el partido de Recabarren.

Por último, aunque para nada menos importante, la multicolor alianza entre Humanistas, algunos Surdos, liberales tardíos, izquierdosos adolescentes, la “mitad de arriba” del MAS y el peterpanismo de siempre que se alineó con ME-O hoy parece enfocada en la construcción de su nuevo partido. Lo que hemos sabido de parte del mediático ex candidato y ex socialista es que ha dirigido sus esfuerzos hacia una nueva orgánica, de la cual lo poco que sabemos es sobre una encuesta sobre su nombre y un mapa ideológico tan difuso que se parece más al PPD que a una Izquierda nueva y novedosa. Por ahora, debe sumarse que su principal mecenas tiene a su haber serios problemas por una canalla retirada de sus inversiones en Cuba y en su conciencia el mortal abandono en que dejó a sus empleados y trabajadores en la Isla, obligados a responder por sus deudas y entuertos. Como si ello no fuera poco, tras mucho silencio y sin la lealtad que le obliga la memoria, se apresura en hacer eco del orquestado ataque desde la Derecha que ha tenido por objeto la Isla, curiosamente justo después que Marambio perdiera la venia del poder cubano. Por último, se apresura en apoyar, inteligentemente, a Piñera en su alza de impuestos ante la confusión de que es presa una concertación que ve ponerse al presidente a la izquierda de sus propias gestiones de gobierno. Parece ser que ME-O es parte de una confusión que deviene en un mediatismo desesperado, oportunismo evidente (aunque efectivo) y una demanda orgánica de sus bases que se ve lenta de construir, mas no estática.

Así avanza el primer semestre de este año del bicentenario para el progresismo y la Izquierda en Chile, ajeno, distante, como si la agenda más neoliberal que conociese el país desde la Dictadura, acelerada por la catástrofe, fuera un hecho lamentable pero indetenible. Y es que estas tres almas de la Izquierda parecen más preocupadas de otros temas que de construir una alternativa que se materialice en una resistencia enconada a la profundización neoliberal en marcha. Así, gracias a este silencio de sus fuerzas sobre la profundización del poder empresarial ya en marcha, la iniciativa de la Derecha encuentra más escollos en su propia alianza que entre los que debieran estar dándole una guerra sin cuartel a su programa.

Sería bastante triste que la Izquierda, por incapacidad propia, comenzara a divertirse con las pugnas internas de la Coalición por el Cambio, como quién ve un programa de farándula pudiendo apenas alterar su resultado con su voto por mensaje de texto. Lo que vemos es el ajuste de cuentas, tras la victoria, de los sectores con visión de largo alcance en la Derecha más empresarial, mientras que enfrentan la resistencia del “ala derecha” de la clase política dominante en las últimas dos décadas, cuya legitimidad yace derruida tras la última elección presidencial. Conscientes de la idea de que aquello que se construye desde el poder del Estado es la renovación y superación histórica del “modelo chileno” más que una administración del ejecutivo, los cuadros nuevos del Gobierno no darán un paso atrás, estamos ante una generación transformadora, clasista y radicalizada, y allí está la razón de que gente como Andrés Allamand no tenga un sillón fiscal entre los apóstoles del dueño de Chilevisión, porque políticos dispuestos a negociar con los viejos carcamales, acostumbrados a funcionar más con la muñeca del pasillo del parlamento que con el manual de Mankiew bajo el brazo, operadores que usan la palabra gestión y no “management”, ya no son necesarios cuando el gran mall que es hoy Chile lo administran sus dueños.

La pregunta, ante esta arremetida vuelve, ¿Dónde está la Izquierda? ¿Dónde está el destacamento de cuadros dispuestos a dar la pelea por devolverle a los trabajadores el fruto de su trabajo? ¿Dónde están esas organizaciones que sostenían a Arrate? No puede ser que todo se trate de su “Capital político”, porque apelar a su liderazgo para salvar a la atomizada fuerza del progresismo, al igual que como lo hiciese ME-O, es entregarse a un caudillismo de farándula, a propuestas que encantan masas y billeteras, pero que terminan siendo pasto de cultivo de lo peor del liberalismo, aquel que resuelve la discusión sobre el aborto o las drogas con mercado y libertad de consumo.

Y es que la derrota ha hecho posible condiciones de unidad motivadas por el miedo, tal vez, o por el deseo algo acelerado de dar muestras de vida, ante la nula existencia de la fuerza propia frente a la hegemonía del piñerismo en la opinión pública. ¿Dónde encontrar la fuerza para decir “presente” a Chile? Pues donde siempre ha estado, en los trabajadores, en el pueblo precarizado por ya 30 años de pauperización y expoliación, en la rabia acumulada tras perder inapelablemente la mayoría de sus derechos, de levantarse todos los días y sentirse tan pequeños ante un mercado que tiene a la legalidad diseñada para ganar, siempre. Lo que la izquierda necesita no es gente, esa gente está esperando alternativas confiables y serias, posiciones responsables que estén dispuestos a defenderlos en su vida y su trabajo. Así el problema, el recambio generacional es una discusión absurda, llena de despolitización y expresión eufemística de pugnas intestinas que nada tienen que ofrecer a un pueblo lleno de rabia y desesperanza. La Izquierda necesita pensar una estrategia en comunión, de resistencia y avance, que le de liderazgo al resentimiento, al desencanto ante el “gobierno de los mejores”, uno que ya asoma en el horizonte al develarse como la nueva cara de lo peor de los 20 años anteriores.

La pregunta, en todo caso, es tramposa, porque al final sólo es posible de responderse cuando la Izquierda se haga visible. La pregunta, por tanto, sería ¿Como logra aparecer la Izquierda? En ese sentido, habría que decirse que si la Izquierda es por definición anticapitalista, y dada la crudeza de estos tiempos no parece ser muy importante que tan anticapitalista se es, entonces cabe esperar una voluntad de unidad, por lo menos en una resistencia y una búsqueda por conducir a los trabajadores y los sectores más desprotegidos de la sociedad en la defensa de lo poco que les queda y un avance hacia mejoras en su vida, en términos políticos, un polo que pueda contener el avance acelerado y lleno de bríos que posee la iniciativa de Piñera, primero, y reconstruir una alternativa de poder a la hegemonía política y moral del Capitalismo rampante basada en la solidaridad y la democracia.