El Instituto Nacional de la Juventud hizo pública, este miércoles, la 6ta Encuesta Nacional de Juventud, ENJ, el instrumento más completo para conocer la realidad de las juventudes y base de estudios específicos para el diseño de políticas y programas públicos dirigidos a la población joven.

¿Cuál es el principal hallazgo que nos indica esta 6ta ENJ, justo en momentos de cambio de gobierno y reordenamiento político?

Como hallazgo ninguna cosa de gran relevancia, salvo por la majadería de mostrarnos una vez más la fuerte desigualdad entre las juventudes chilenas, y su creciente desafección con el sistema político democrático, todo lo cual continúa develando la desidia del Estado de Chile para con el real ejercicio de los derechos de gran parte de su población joven.

La 6ta ENJ muestra una sociedad segregada. Mientras menos del 10% de los jóvenes de mayores ingresos abandona sus estudios antes de los 18 años, en el nivel socioeconómico más bajo este porcentaje supera el 50%; un joven de escasos recursos tiene normalmente el doble de probabilidades de hallarse cesante que uno de nivel socioeconómico alto, y 2 veces y media menos probabilidades de usar habitualmente Internet. Podríamos revisar las distintas dimensiones de la vida de los grupos socioeconómicos y observaríamos brechas significativas entre unos y otros en el acceso a la cultura, a la salud, a la educación sexual y los dispositivos de protección, por mencionar sólo algunos.

Como correlato de lo anterior la valoración de la Democracia por sobre cualquier otra forma de gobierno viene cayendo hace años. Sólo entre 2006 y 2009 pasó desde un mayoritario 57% a un 43% de los jóvenes; sin embargo esta tendencia es baja en grupos socioeconómico altos, mientras que se muestra altamente significativa entre los y las jóvenes de niveles socioeconómicos medios y bajos.

La Concertación, que a fines de los ’80 invitó a las juventudes a ser protagonistas del novel proceso democrático abandonó muy luego su promesa y fue dejando de lado el fortalecimiento de la democracia en los espacios sociales. En este sentido cedió a las derechas más conservadoras el terreno de la política como espacio deliberativo privilegiado para la reconstrucción de proyectos colectivos transformadores, y los sustituyó por una aparente participación, mediada por fondos para financiar proyectos de menor escala temporal y otras figuras clientelares.

No hubo Política de Juventud, no se promovió la asociatividad juvenil, no se firmó la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, se abandonó y debilitó por años la institucionalidad estatal de juventud; en los municipios da pena ver los presupuestos y programas destinados a las organizaciones de jóvenes.

Paradójicamente hoy en día, sectores entremezclados de la Concertación y la Derecha parecieran coincidir unos y disentir otros respecto de la solución de lo que para ellos es la baja participación de las juventudes. Bastaría para algunos con la inscripción automática y el voto voluntario; para otros el voto obligatorio resolvería el problema. Pero en realidad es su problema; es la ignorancia de la riqueza de las nuevas ciudadanías y expresiones de las juventudes.

Los jóvenes que en Chile quieren participar de los espacios institucionales, se aburren rápido al tener que enfrentar visiones paternalistas, discriminadoras, autoritarias y llenas de prejuicios.

Por poner un par de ejemplos: El amplio espectro de los estudiantes de Educación Superior, que en su mayoría financian dicho sistema, no participan de las decisiones que toman sus instituciones, las que de manera reiterada vulneran sus derechos y afectan sus intereses (reajustes arbitrarios de aranceles, restringidos derechos a organizarse, ausencia de canales formales de participación, etc.). Por otro lado, los estudiantes secundarios no son tomados en cuenta en las decisiones de sus espacios escolares, y muy pocos son los que conocen que la primera ley de promoción de la participación de los jóvenes en Chile post dictadura, dictada el 20 de Abril de 1990, los respalda para elegir sus representantes autónomos.

La participación electoral no resuelve la desesperanza creciente de las nuevas generaciones con la democracia, ésta permanecerá y se acrecentará si no hay un cambio que promueva de manera efectiva los derechos sociales universales que garanticen mayores niveles de igualdad y sobre todo el derecho a participar realmente en las distintas esferas sociales.

¿Alguien cree que después de estos años los y las jóvenes confíen algo en los actores del sistema político institucional? ¿Alguien espera que el nuevo gobierno logre dar un giro a las tendencias de debilitamiento de la Democracia que se muestran hasta ahora?

Ayer, mientras se preparaba el lanzamiento de la 6ta ENJ, el ministro de MIDEPLAN, de gran oportunismo mediático y nuevo Mesías en la lucha contra la pobreza, decidió que 56 funcionarios del INJUV – a quienes saludó de besos y mano apretada en su arribo como autoridad – deben sumarse forzosamente a la lista de despedidos del sector público que viene engrosando este año su gobierno.

En su propuesta “refundadora” del Ministerio de Desarrollo Social, es clara la ideología neoliberal de la dictadura en su mirada más estricta de Estado subsidiario gestionado de manera tecnocrática y despreciativa de los actores sociales. Al Ministro no le cabe la idea de avanzar en derechos sociales, sino más bien en “oportunidades”, para que aquellos que no han tenido suerte en la vida puedan de una vez por todas salir de la pobreza. Como si 20 años no fueran nada…

Habrá entonces que ver la propuesta, aún desconocida, que la perspectiva de derecha ofrece a las juventudes del país. Habrá que ver si en el futuro, los partidos de oposición son capaces de tomarse en serio los desafíos que tiene nuestra debilitada democracia, y avanzar en políticas públicas donde prime la perspectiva de derechos y una real participación de las juventudes en su desarrollo y en el de nuestro propio país.

Fernando Krauss
Coordinador del Programa Juventudes del Instituto Igualdad