Inicio » Nacional, Sociedad // En defensa de las Becas Chile

En defensa de las Becas Chile

"La razón más frecuente por la que los hombres desean causarse daño radica en que muchos desean" (Thomas Hobbes)
El filósofo inglés Thomas Hobbes en su obra Sobre el ciudadano (De cive) describe cómo -según su opinión- los seres humanos se reunen en sociedad sólo movidos por el deseo de gloria. Esta última, dice, “si se comunica a todos, no se comunica en realidad a nadie”, razón por la cual los hombres que la poseen en menor grado se ven en la necesidad humillar a quien la ha obtenido en mayor medida. Esta observación de Hobbes, tan discutida habitualmente por quienes sostienen una idea optimista de la naturaleza humana, resulta lamentablemente ilustrativa para comprender el burdo tratamiento que ha tenido en los medios de comunicación de nuestro país (especialmente de parte de “El Mercurio”) el manido problema de asignación de las “Becas Chile”. Si al mencionado apotegma hobbesiano se le agrega el sabroso aderezo de los beneficios políticos que reporta en un período electoral el denostar una política pública solida del actual gobierno, tenemos entonces el cuadro perfecto para explicar el poco elegante aprovechamiento que se ha querido hacer de este asunto. 

La razón más frecuente por la que los hombres desean causarse daño radica en que muchos desean simultáneamente lo mismo, sin poder compartirlo ni dividirlo”
Thomas Hobbes

¿Cuál es el problema que ha invitado a “investigar” a los medios nacionales y a desenvainar la pluma a “agudos” comentaristas? Aparentemente se trata de que en el último proceso de selección de las ya mencionadas becas un funcionario (el sr. A. Molina, ex-director del sistema de becas) cometió un conjunto de errores importantes, entre otros alterar las ponderaciones de los puntajes y cambiar la línea de corte, todo esto de modo inconsulto. El funcionario fue, junto con la directora de CONICYT, removido de su cargo y el error además fue en cierta medida “reparado”, con la asignación de las becas a las personas que “deberían” haberlas recibido (si el puntaje de corte se hubiese mantenido). Lo anterior ha desatado una serie de “denuncias”, reportajes y comentarios, que han llevado a medios nacionales incluso a hablar del “rápido colapso” de las “Becas Chile” (para ver nota al respecto, pinche aquí).
 
Para ser justos con el análisis del asunto y para entender el verdadero problema que hubo con la asignación de becas – sin magnificarlo ni tampoco subdimensionarlo – se deben incluir una serie de variables al análisis que la mayoría de los tratamientos del tema disponibles en la prensa no incluyen. Así es necesario antes que todo un breve flash-back, que nos remonte al origen e intención de las “Becas Chile”.

Antes de la dictadura de Augusto Pinochet no existía en nuestro país ningún sistema de apoyo institucional permanente por parte del Estado de Chile para quienes decidieran realilizar estudios en el extranjero. Lo anterior cambió gracias a que a inicio de los años 80 el Ministerio de Planificación Nacional (MIDEPLAN) creó la beca “Presidente de la República”. El sistema, que para ser un primer paso era bastante razonable, no experimentó reformas sustanciales durante más de una década (en concreto hasta 2007, más allá del aumento importante del número de becas a partir de 1998). De esta manera existían hasta hace muy poco básicamente dos problemas que aquejaban al principal sistema de becas de posgrado en el extranjero del que disponía nuestro país: 1) los montos de las becas eran demasiado exiguos (pues no habían sufrido mayores cambios), 2) el método de asignación de las becas era demasiado discrecional (como era de esperar de un sistema generado en un gobierno de facto) y no contemplaba variables relevantes para asegurar la mayor transparencia posible en la selección de los becarios. Así, por ejemplo, en el proceso de selección tomaban parte autoridades de gobierno (como el ministro de educación o un delegado suyo) y unos pocos representantes del mundo académico, la comisión que realizaba la selección revisaba directamente los curricula de los postulantes con nombre y apellido de los mismos (i.e. sin evaluación “ciega”), no existían criterios de evaluación determinados de antemano, de manera que nunca era del todo claro por el “sr. X” recibía beca y el “sr. Y” no recibía, etc. Lo anterior llevó a un bullado escándalo – del cual seguramente el lector se debe acordar – que fue desatado por la denuncia del conocido cientista político P. Navia (hoy activitsa de campaña de ME-O), quien alegó que las becas “Presidente de la República” favorecían a los miembros de la concertación y sus parientes (para ver nota al respecto, pinche aquí). Poca publicidad tuvo – por el contrario – el estudio del mismo MIDEPAN que tiempo después mostró que sólo una cifra cercana al 1% de los becarios tenían esa condición, desmintiendo sólidamente las afirmaciones de Navia.

A raíz del escándalo anterior, como de las constantes denuncias de becarios que vivían en la más absoluta precariedad (dado el ya mencionado hecho de que los montos no se habían reformado) y de la bonanza que produjo el alza de los precios del cobre, el sistema fue reformado el año 2007, y fue reemplazado paulatinamente por el programa de “Becas Chile”. La idea fue entonces desarrollar una de entrega de becas en que existieran: 1) montos efectivamente razonables para los becarios y 2) un sistema de evaluación que fuera capaz de satisfacer las demandas de transparencia connaturales a los estándares de un programa que premiase ante todo la excelencia académica de los postulantes. Es claro que tanto el primero como el segundo objetivo se han cumplido. Hoy, por ejemplo, un becario que estudia en Alemania con “Becas Chile”, recibe un dinero no sólo mayor que el que recibía un antiguo becario del sistema “Presidente de la República” (que contemplaba una manutención mensual cercana a los U$ 800), sino que tiene derecho a un monto incluso mayor que el que corresponde a los becarios de otros países del prestigioso “Servicio de Intercambio Acémico Alemán” (DAAD). En relación al segundo objetivo (un sistema de evaluación transparente) es claro que hoy todos sabemos quién ganó, con qué puntaje y en qué lugar, además de conocer cuáles son las variables que se toman en cuenta en la postulación. De hecho la escandalera mediática actual por los errores de asignación sería inpensable sin los datos de conocimiento público de los que hoy disponemos (no vaya a creer usted que los periodistas de “El Mercurio” se dieron el trabajo de hacer investigación periodística). Los resultados de los concursos son además responsabilidad de evaluadores que pertenecen al mundo académico (y no del ministro y un par de personas más).

Lo curioso es, entoces, la reacción histérica que ha generado esta situación en algunos medios y sus lectores. Especialmente si se tiene en cuenta que los problemas que ha presentado el programa de “Becas Chile” son totalmente comprensibles en un sistema que se está recién implementando y que ha mutiplicado por 10 (!!!) el número de becarios de nuestro país. El lector podrá unírseme en la inquietud y preguntarse si quienes tantos problemas tienen con las becas son capaces siquiera de citar un sólo ejemplo de una institución privada o pública que haya multiplicado de semejante manera sus prestaciones, sin que ese aumento haya llevado a la comisión de errores. Si a ello se suma el hecho de que el Estado Chileno carece aún del know-how necesario en estas materias (a diferencia de la experiencia acumulada que tienen diversas fundaciones o Estados que entregan masivamente becas desde hace décadas), se puede comprender entonces perfectamente cuál es la situación y el origen del problema: la falta de la experiencia, de la estructura administrativa y de los recursos humanos necesarios para desarrollar esta tarea sin mayores disonancias. ¿Alguien puede creer si la administración pública hubiese estado a cargo de otros, el asunto habría sido distinto?

Lo peor es que esta escandelera ha traído como consecuencia: 1) un conjunto de reclamos de parte de algunos no beneficiados que son absolutamente fuera de lugar y 2) el que hoy cualquier hijo de vecino se sienta a sus anchas cuestionando los méritos de los becarios e incluso a sugeriendo que ellos recibieron las becas por motivos espúreos (le sugiero una vuelta por los foros del mencionado diario “El Mercurio” para que comprobar lo anterior). Esto último es particularmente doloroso y perjudicial para el medio académico en Chile en general.

Para muestra de reclamos injustificados, un botón. Un joven postulante en un reciente reportaje de “El Mercurio” (para ver nota al respecto, pinche aquí) reclama:

Tú puedes pedir transparencia, pedir quién te evaluó, las comparaciones de un año y otro, pero no que te evalúen de nuevo. Eso no es justo…”.

Probablemente este señor conoce algún sistema de becas (para mí ignoto) donde la re-evaluación sea una posibilidad (no quisiera, de todos modos imaginarme los inconvenientes que ella podría traer consigo). De todos modos es claro que, no sólo (de haberlos) son pocos los programas de becas que otorgan el derecho a una re-evaluación de postulaciones rechazadas, sino que incluso hay pocos sistemas que entregen resultados con puntajes, que hagan públicos los valores de corte y que hagan notar cuál es la ponderación de cada variable, agregando además un “ranking” que indica el lugar en el que quedó seleccionado el becario. Esto sí lo hace el sistema de las “Becas Chile”. Otros protestan por la existencia de distinto puntaje para antecendentes idénticos. Es claro, no obstante, que pese a que el sistema ha hecho esfuerzos de transparencia y uniformidad en los criterios (tarea de suyo difícil cuando se reciben del orden de las 4.000 postulaciones por programa), el mismo incluye elementos de discrecionalidad que son ineludibles en cualquier tarea emprendida por un conjunto de seres humanos que poseen criterios diversos. En suma, el sistema ha hecho un esfuerzo de uniformidad poco común incluso en otros casos, pero a menos que los evaluadores sean reemplazados por máquinas (con los problemas que eso acarrearía), seguirán existiendo ese tipo de “injusticias” (y las consiguientes “investigacions periodísticas”, que sobre la base de datos públicos “denuncien” estas “irregularidades”).

En suma, el sistema de “Becas Chile” no sólo no está en “colapso” (como ha sugerido “El Mercurio”, con su habitual elocuencia y su prosa sospechosamente alarmista ante algunos hechos), sino que es, de hecho, extraordinario. Espero que todos los que han recibido esa beca (no es mi caso) se sientan orgullosos de haber sido beneficiados en virtud de sus méritos en un sistema tan competitivo como ese, y no sucumban ante la burda reacción de los medios y parte de la ciudadanía, sólo explicable por la patética mezcla de resentimiento y deseo de sacar una ventaja espúrea incluso a costa de destruir una de las mejores incitivas en materia de educación en los últimos años.

Etiquetas: , , ,

4 opiniones to " En defensa de las Becas Chile "

  1. Andrea dice:

    Nuevamente sale este tema a la luz, ya que esta semana se abrieron las postulaciones para este año. Sólo me pregunto, ¿cuántos beneficiarios del año pasado habrán quedado en su primera, segunda o tercera opción? Creo que conociendo este dato podríamos saber si el proceso fue o no aleatorio. La única forma de saber si el beneficiario era realmente capaz y merecedor de la beca es saber si fue aprobado por la universidad que eligió como primera opción… ¿podrá este dato ser publico alguna vez?

  2. Andrés Baeza dice:

    Entonces señor “funes” sería bueno que cambiaran el discurso y dejaran por un lado de defender las bases y por otro atacar todo el sistema.

    Si el sistema es tan lamentable y el movimiento es tan sólido en sus posturas, entonces ¿por qué aparecen sus voceros defendiendo el argumento de que deben respetarse las bases si después van a decir que todo el sistema es un asco?

    Según tu argumento nada de lo que dicen las bases es rescatable. Entonces, ¿Por qué al momento mismo de leer las bases, vale decir, antes de postular, no iniciaron sus reclamos?

    Lo de la de la calificación de la universidad bajo criterios subjetivos, lo de la posibilidad de poner como primera opción Harvard, Cambridge, etc. todo estaba en las bases. ¿Por qué no se cuestionó esto antes?

    Tu pregunta acerca de si “Es legal sólo porque esta en las bases?” no tiene sentido. Claro que es legal.
    ¿No es ese el argumento fuerza que sustenta el hecho de que hayan interpuesto un recurso en la Contraloría?

    Entonces, por favor, aclárate un poco. O defiendes la legalidad de las bases o atacas todo el sistema. Ambas cosas a la vez, no se puede.

  3. Funes dice:

    Lamentable columna. Antes de citar a Hobbes sería recomendable leer todos los antecedentes que ya son de conocimiento público, tanto por todo lo que los medios han publicado, como por la información a la que se puede acceder en la web 2.0 (grupos de facebook, foros, etc).

    Qué gratuitos juicios de valor de un columnista que quiere demostrar inteligencia. La agrupación de afectados no defiende ni exige becas para todos, si no transparencia de un sistema que sólo cambió en el monto de recursos asignado y no en sus procesos internos. Baste ver los documentos de Contraloría (públicos). La candidez del columnista alcanza alturas increíbles cuando alaba las bondades del nuevo sistema. No se ha informado del cambio de calificaciones registradas con lapiz mina, de la inexistencia de un sistema de seguimiento de becarios (No se sabe quienes terminaron el posgrado) y la consiguiente pérdida de recursos. No se ha enterado que una proporción no menor de adjudicados en magíster, son para cursos de extensión y no posgrados. No se ha enterado que gracias a los errores de ponderación, hay muchos adjudicados que no reunian las condiciones para ganar una beca. No se ha informado que siguen apareciendo como becados, conocidos nombres ligados a la concertación, gracias a que no hay “doble ciego” en la evaluación. No se ha informado que la señora Heyl dejó esperando a dos expertos de Harvard en ele tema de evaluación de postulantes.

    Le parece que haya postulantes que se aseguren puntos sólo por poner en 1er lugar de preferencia Oxford, Harvard o Cambridge, sin estar aceptados?

    ¿Le parece un sistema muy bueno, la mejor iniciativa de educación que se ha instaurado?

    Le parece que tiene sustento legal el hecho de poder tener una atribución que modifique los resultados del proceso de evaluación y selección, sólo porque supuestamente no hay recursos? Es legal sólo porque esta en las bases? que ingenuidad, Por favor lea el historial de conicyt y sus procesos de becas en los documentos que tiene Contraloría publicados.

    El Mercurio miente, pero a veces no sr columnista. Lo aparecido en el cuerpo de Reportajes es totalmente cierto. Ojalá pueda darle una segunda lectura, comprensiva.

    Y claro, queremos becas por que sí, porque estamos resentidos, envidiosos de quienes por un proceso similar a un bingo las obtuvieron.

    ¿Es ud activista del oficialismo, o pariente de la sra Heyl? Sólo así me explico el notorio sesgo de su columna.

  4. Andrés Baeza dice:

    Me parece una columna muy sólida y te felicito por escribir algo tan elocuentemente y a la vez “políticamente incorrecto” en medio de tanta reacción negativa hacia el sistema de becas.

    Yo fui uno de los beneficiados con beca en este proceso para realizar el doctorado en historia y el asunto no me ha sido indiferente, especialmente debido a que gracias a las desafortunadas declaraciones de la ministra Jiménez en relación a que algunos que no merecían la beca deberían haberla ganado, todos los que la ganamos, hemos quedado bajo la sospecha de ser apitutados o parientes de políticos.

    En mi caso no tengo ni medio pituto en ninguna parte y lamentablemente he tenido que explicar eso más de una vez, dado que la prensa ya instaló la idea de que los que ganaron la beca no la merecían y los que no, eran los merecedores. Ya entrar a aclarar eso, ha sido francamente una lata.

    Además, he leído casi todos los foros al respecto y si bien apoyaba en parte los reclamos iniciales, con el tiempo, he notado varias incongruencias entre quienes atacan el sistema, que pueden completar lo que señalas:

    1.- El argumento fuerza es que hubo un cambio en las ponderaciones según lo que estaba contemplado en las bases, por lo que lo que corresponde es respetar las bases originales del concurso. Evidentemente, ese error ya fue reparado con la nueva asignación de becas en base al recálculo original. Sin embargo, de ahí en adelante se han dado una serie de argumentos que van precisamente en contra de ese argumento fuerza, cayendo en una contradicción evidente. Por ejemplo, se cuestiona que la evaluación de la calidad del programa de destino dependa de un evaluador y se crea, injustamente, la imagen de que eso fuera algo ilegítimo, toda vez que las mismas bases señalan en su punto 9 que dicha evaluación se hará en base a los ránkings internacionales y “la opinión personal de los evaluadores”. En otras palabras, todos los que postulamos a la beca, sabíamos que la evaluación tenía un amplio grado de discrecionalidad y me parece una contradicción que, por un lado, se argumente que haya que respetar las bases, pero por otro se ponga en duda lo que las mismas bases decían. Lo mismo en relación a lo que Paulsen le parecía “extremadamente grave”: la posibilidad de que un alumno que aún no ha postulado pusiera en su primera opción Harvard, sabiendo que eso “inflaría” su puntaje, aún sin la intención de ser aceptado en esa universidad. Lamentablemente, la irresponsabilidad y populismo de ese periodista, puso en tela de juicio a todos aquellos que ganamos la beca sin haber postulado aún a la universidad, porque se instaló la idea de que todos los que la ganamos así, hicimos lo mismo (En lo personal yo no puse Harvard, sino que Warwick y mis otras dos opciones eran más o menos del mismo nivel que la primera; por lo tanto, una afirmación así solo se sustentaría si se comprobara que todos los que pusieron Harvard como primera opción, pusieron como segunda la Universidad Nacional de tu Hermana, por decir algo). Sin embargo, las mismas bases contemplaban que la beca era tanto para aceptados, como para quienes estaban postulando o aún no postulaban, sin hacer distinción alguna al respecto, en función de una mayor o menor prioridad para obtener la beca.

    2.- El asunto del puntaje de corte. La prensa sigue reproduciendo inconsistentemente que el puntaje de corte era 21, según lo estipulado en las bases. Para quienes leímos las bases es evidente que se trata de una falacia absoluta, puesto que en ninguna parte de las bases se estipulaba ese puntaje. Además, el punto 15 de las mismas es bien elocuente cuando señala que la interpretación del alcance y sentido de las bases corresponde a Conicyt.

    Lo que veo es que esto se ha transformado en una bola de nieve, los que reclaman han asumido que la beca es su derecho o algo que les pertenece (Todos los que postulamos sabíamos que la posibilidad de ganarla era 1 entre 8, o sea lo más probable era no ganarla). Se han presentado argumentos tan absurdos como “todos los que postulamos lo hicimos por algo, por lo tanto todos tenemos los mismos méritos y lo merecemos” (Sic) y eso indica que no se parará hasta que se den becas a todos o se anule todo el proceso.

Deja un comentario

Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes
Algunos derechos reservados © 2010 Red Seca – Revista de Actualidad Política, Social y Cultural Licencia CC | ISSN 0718-8927