Las urnas han arrojado su veredicto definitivo: Sebastián Piñera será Presidente durante el próximo cuatrienio. Bien por él, y bien por quienes le apoyaron. Tienen una gran oportunidad para dejar atrás prácticas y políticas del pasado reciente y remoto que históricamente les han acompañado.
Los procesos electorales, como dijera el jurista argentino Carlos Nino, son sucedáneos del discurso moral. Están ahí para tomar decisiones sobre asuntos que no pueden esperar su resolución a manos del debate moral. Por esto, incluso ante resultados electorales inobjetables, el interlocutor ha de seguir alzando su voz para entregar razones y deliberar.
En ese sentido, desde el mundo de las columnas de opinión ya se le han solicitado a Piñera ciertos estándares de gobierno: que no incluyera a funcionarios de la dictadura, que el gabinete no parezca el “club de Cachagua”. La verdad es que para quienes hemos pasado a ser oposición tales requisitos son, más bien, superficiales. Más importantes nos parecen los nombramientos que el nuevo Mandatario haga en áreas relacionadas con los derechos de grupos socialmente desaventajados y con la regulación de actividades económicas. De ellos, y de la labor que ejecuten, dependerá el tono político de los próximos cuatro años.
Es por eso que esperamos con interés los nombramientos de Director del Trabajo, de Director del SERNAC, de Superintendente de la SVS. Asimismo los de Ministro de Salud, quien estará a cargo de las políticas reproductivas del nuevo gobierno. Esperamos que el nuevo Presidente ejecute el amplio acuerdo social de otorgarle reconocimiento constitucional a los pueblos originarios. Confiamos, por último, que cumpla su compromiso adquirido hace varios años de que su sector apruebe el voto de los chilenos en el extranjero. Si Piñera demuestra amplitud de miras en su presidencia, logrará consensos amplios para gobernar.













Yo creo que Sebastián Pinera aspira convertir a Chile en un pequeno Estados Unidos del sur. Mientras en el resto del mundo, especialmente en Europa, las políticas han alcanzado un nivel de madurez tal que el socialismo es parte integral o parcial de ellas, en Chile se hará crecer el capitalismo más de lo que es ahora, hasta llegar a ser groseramente extremo. Eso es típico de Chile, siempre estamos recogiendo las modas de los otros cuando ya han sido abandonadas por la mayor parte del mundo. El capitalismo extremo está pasado de moda.