Sebastián Piñera, a fin de cumplir con la exigencia establecida en el artículo 6 ter de la ley N° 18.700, acaba de presentar con parafernalia un documento programático que enuncia las principales acciones, iniciativas y proyectos que pretende desarrollar durante su gestión, el cual denominó: “Tiempos Mejores”. Por las características y liviandad del texto, se entiende que es preliminar y que aún está en construcción. Es precisamente por dicha circunstancia que no pudo sino terminar siendo un panfleto de generalidades que es escuálido en propuestas sustantivas, repleto de frases vacías y grandilocuentes, que parece estar dirigido u orientado principalmente a una audiencia conservadora y liberal.

Está organizado en torno a tres partes. Las primeras dos secciones son principistas y de diagnóstico crítico y la tercera parte es un desarrollo macro de sus lineamientos de acción. En esta sección ofrece algunas propuestas de política y realiza una descripción vaga de ciertos proyectos que implementará en su eventual futuro gobierno. En dichas propuestas aborda áreas sociales como educación, salud y seguridad social. Se repiten varios eslóganes de su anterior campaña, tales como: modernización, libertad, progreso, desarrollo, crecimiento, empleos, seguridad y otras frases típicas del ex presidente.

En lo que sigue evaluaré brevemente algunas de las temáticas que aborda en el punto Nº 5, del apartado C, de la tercera sección, que se titula: “Mejores instituciones y Estado moderno al servicio de la persona”. En este punto Sebastián Piñera expone y describe propuestas de reformas políticas con implicancias en el diseño del sistema constitucional chileno.

En primer lugar, propone “revisar” el periodo presidencial. Esto tendría que ir en la dirección de ampliarlo, porque no es razonable reducirlo. Sin embargo, el documento no indica el número de años de extensión que se quisieran proponer, si acaso aquel fuese el objetivo. La sospecha es el retorno a los seis años de mandato que tuvimos durante las presidencias de Eduardo Frei y Ricardo Lagos. Ahora bien, no parece coherente con su propia propuesta la hipótesis de evaluar la posibilidad de establecer una re-elección de un mandato presidencial de cuatro años (que tuvimos en nuestro país durante entre los años 1833 y 1871), pues inmediatamente a continuación propone limitar la re-elección de las autoridades políticas (pero no señala cuál de todas o si acaso todas). Una revisión seria del periodo presidencial, que tenga a la vista la necesidad de mantener proporcionados los contrapesos institucionales entre los poderes políticos, no puede sino realizarse en conjunto con una revisión de la conveniencia de la concordancia o simultaneidad de la re-elección presidencial con las elecciones parlamentarias y la extensión de los periodos parlamentarios en la Cámara y el Senado. Nada se dice sobre el respecto y todo parece indicar que es una propuesta aventurada.

A continuación, en segundo lugar, propone reducir el número de parlamentarios. Sobre esto cabe decir que es una pretensión ingenua (y él como economista lo sabe), porque los parlamentarios difícilmente tendrán incentivos para legislar sobre un asunto que a la larga los terminará perjudicando o que afectará directamente sus intereses políticos de mantenerse en el poder. Por lo demás, alterar la representación parlamentaria mediante la reducción del número de representantes es una medida neutralizadora, una reacción anti-política que acentúa el poder del Presidente por sobre el Congreso Nacional y que no contribuye a mejorar el rendimiento democrático de este último. Asimismo, una propuesta de esta envergadura afecta la igualdad política. En efecto, la reciente reforma al sistema electoral chileno vino a corregir problemas de sub-representación registrados en varios de los escaños congresales que generaban situaciones de desigualdad política. Es por ello que lo planteado no puede sino ser una propuesta populista y facilista dirigida a las galerías.

En tercer lugar, aparecen sus propuestas más descabelladas en este tópico: la creación de un “museo de la democracia” junto a un “Consejo de Presidentes de la República”. Sobre esto, en el documento no se explican las razones de su creación, ni la manera en qué eventualmente operarían, menos aún se dice qué son o cuál es su naturaleza. Así, las cosas, el primero es una propuesta extravagante porque asume la idea de democracia como un artefacto para la exhibición o conservación a través de los museos. Asumiendo hipotéticamente que así sea, el proyecto parece más una suerte de iniciativa de una organización no-gubernamental o un emprendimiento comercial privado (que él bien conoce), antes que una institución del Estado o una política pública. En cualquier caso, no hay registros en otros países de algo semejante a nivel institucional, tampoco en el derecho comparado. El segundo, llamado “Consejo de Presidentes”, parece una medida igual de estrafalaria que el museo de la democracia. No queda claro cuál sería el rol de este consejo: ¿será un órgano consultor, fiscalizador, protocolar, ornamental o político? Por otro lado, menos predecible es su pertinencia institucional, ya que por razones de régimen político, la figura presidencial en Chile ya es recargada en términos de diseño institucional.

Finalmente, para efectos de este texto, lo interesante es que la propuesta completa, examinada en su conjunto, implica la necesidad de que se aprueben reformas constitucionales. Sebastián Piñera en las retóricas de su campaña presidencial se ha mostrado escéptico de una nueva constitución. De acuerdo a su texto de bases programáticas, sólo estaría dispuesto a modificar la constitución a fin de reorganizar los poderes del Congreso Nacional, fortalecer la Contraloría General de la República y modernizar en ciertos aspectos el funcionamiento administrativo y burocrático del Estado. Esta es entonces, momentáneamente, la propuesta constitucional de Sebastián Piñera para que Chile tenga unos “Tiempos Mejores”. Una propuesta que ciertamente, tal como está presentada mientras tanto, terminará más bien empeorando los tiempos.