Hace alrededor de una semana, Marina Ascencio, de 11 años, saltó a la luz pública producto de una carta que ella envió a la Presidenta Michelle Bachelet y a la Alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, pidiendo ingresar al Instituto Nacional, alegando discriminación de género puesto que sólo alumnos hombres pueden recibir la educación de alta calidad que este establecimiento entrega. Dicha acción causó un intenso debate en la opinión pública acerca de los motivos para seguir manteniendo liceos estatales bajo un régimen de admisión exclusivo para hombres o mujeres. Además del argumento de discriminación en el acceso, se ha aducido por parte de algunos académicos que los colegios de un solo sexo crean vicios en el comportamiento de las personas que asisten a estos establecimientos que les impedirían relacionarse de manera adecuada con las personas del sexo opuesto, fortaleciendo actitudes de carácter sexista (La Tercera, 18 de septiembre de 2016). Ante la variedad de opiniones y lo cuestionable de las bases de algunas acusaciones, esta columna pretende aclarar un poco el panorama proveyendo evidencia empírica acerca de las virtudes y defectos de tener colegios mixtos versus colegios de un solo sexo.

La primera pregunta que cabe hacerse es en qué medida la existencia de colegios de un solo sexo favorece o desfavorece el rendimiento de hombres y mujeres en diversas dimensiones en la escuela y con posterioridad a ella. El principal problema para poder responder a esta interrogante es la falta de un adecuado contrafactual para poder hacer una comparación válida de la incidencia de ambos tipos de establecimientos. Lo ideal sería que, si tenemos un alumno estudiando en un colegio mixto, hubiese una copia exacta de él estudiando en un colegio de un solo sexo. Ciertamente esto no es posible de lograr, por lo que se debe recurrir a técnicas empíricas complejas o a estudio de casos que presenten situaciones ideales para poder identificar el efecto marginal de haber ido a un colegio de un solo sexo respecto a haber asistido a uno mixto.

Una de las variables más analizadas es la de rendimiento académico. La literatura provee evidencia parcialmente favorable a los colegios de un solo sexo, en particular en áreas académicas típicamente asociadas al sexo opuesto. Por ejemplo, Eisekopf et al. (2015) estudian un experimento natural realizado en una escuela secundaria en Suiza, en la cual las estudiantes mujeres fueron aleatoriamente ubicadas en clases mixtas y de un solo sexo. Después de haber hecho un seguimiento por cuatro años, los autores encuentran que las niñas que asistieron a clases de un solo sexo tuvieron un rendimiento en matemáticas superior a las que fueron a clases mixtas, siendo este efecto aún más notorio en aquellas alumnas que de antemano tenían una alta habilidad en la materia. En otro estudio realizado esta vez en China, Lu y Anderson (2015) explotan la asignación aleatoria de asientos dentro de una misma clase para concluir que el que una alumna esté rodeada por cinco niñas en vez de por cinco niños aumenta su rendimiento académico en 0.2 a 0.3 desviaciones estándar, sugiriendo que la agrupación por sexo podría ser una manera barata de mejorar el rendimiento de los estudiantes.   Por último, en un estudio más reciente, Jackson (2016) explota la conversión de 20 escuelas públicas secundarias en escuelas de un solo sexo por parte del gobierno de Trinidad y Tobago, para concluir que tanto las niñas como los niños que asistieron a estas escuelas lograron un puntaje 0.14 desviaciones estándar superior que los niños y niñas comparables que no asistieron a estos colegios en exámenes nacionales. Nuevamente se resalta el bajo costo de la política pública.

Además de los beneficios estrictamente académicos, existe evidencia en la literatura de que asistir a colegios de un solo sexo mejora la auto percepción y auto confianza en las capacidades propias de los alumnos, siendo esto particularmente notable en las niñas con la asignatura de matemáticas (Eisekopf et al., 2015). Este aspecto es relevante puesto que son sabidas las diferencias en rendimiento que existen entre niños y niñas en pruebas de ciencias duras, las cuales podrían deberse a la poca confianza que las niñas pueden desarrollar durante su adolescencia a la hora de enfrentarse a este tipo de exigencias. El que las niñas vean reforzadas su auto confianza y auto percepción en sus capacidades académicas constituye un importante factor que contribuye a poner a las niñas en un plano de igualdad frente a sus pares masculinos, ayudando a que ambos sexos se vean como iguales desde jóvenes.

Podemos ver entonces que, a pesar de lo señalado por Marina Ascencio en su carta, el Instituto Nacional y el resto de liceos públicos de un solo sexo, tales como el Liceo 1 Javiera Carrera, el Liceo de Aplicación, o el Liceo Carmela Carvajal de Prat, malamente pueden estar contribuyendo a perpetuar rasgos conservadores machistas del pasado, sino que todo lo contrario, son parte importante de la lucha contra este tipo de prácticas. Se han hecho comunes durante el último tiempo los cuestionamientos a este tipo de establecimientos por parte de cierto sector de la intelectualidad progresista, de la cual los medios de comunicación se hacen eco. Ciertamente el cuestionar es totalmente válido, y los liceos públicos emblemáticos no pueden escapar al escrutinio público ya que distan de ser un ideal de colegio público. No obstante, es de suma importancia que las bases para la crítica sean sólidas, que las opiniones sean responsables y que sean ponderadas en su justa medida. No podemos caer en un debate en el cual académicos que encuentran difusión pública basan fuertes conclusiones, tales como que los hombres que asisten a colegios públicos de un solo sexo “poseen actitudes machistas y con carga denigrante hacia las mujeres y la diversidad sexual” en supuestas conversaciones, o que dichos establecimientos “no son espacios de contacto democrático y diverso” sin proveer prueba alguna de ello. Es hora de que si se quiere mejorar realmente nuestro sistema educacional, enfrentemos el debate con la responsabilidad y seriedad que este alto objetivo merece, lo cual requiere que veamos los temas con perspectiva y con la mente clara de que el sistema educacional chileno difícilmente posee la desigualdad que tiene por lo que unos cuantos colegios destacados del sistema público tienen.