Por Sheila Fernández Míguez

El presente artículo tiene como objetivo acercarse al concepto de Southern criminology que en español es traducido como criminología del Sur. Para ello analizo el trabajo realizado en el Crime and Justice Research Centre de la Queensland University of Technology, por la criminóloga australiana Kerry Carrigton, el criminólogo australiano Russell Hogg y el también criminólogo argentino Máximo Sozzo titulado Southern criminology, publicado en el año 2016 en la British Journal of Criminology en su número 56 páginas 1-20.

Esta línea de investigación, encabezada por personas dedicadas a la investigación jurídica y criminológica en diferentes latitudes del Sur global considero, es un marco teórico interesante a tener en cuenta a la hora de repensar en Chile, como estamos construyendo teoría criminológica.

En el trabajo referido, la criminología del Sur, es explicada por Kerry Carrington, Russell Hogg y Máximo Sozzo, como una propuesta epistemológica que emerge al traer al campo de la criminología la teoría del Sur y el pensamiento metropolitano de Raewyn Connell, donde se establecen las categorías Norte-Sur, como elementales para el análisis de las sociedades actuales. Desde este lugar epistémico, la Criminología del Sur, se configura como un proyecto político, un proyecto teórico y a la vez un proyecto empírico. Cuyos tres principales objetivos son: reorientar, modificar y aumentar los puntos de vista de la investigación criminológica; impulsar una reflexión crítica sobre la dinámica colonizadora y hegemónica dentro de la teoría criminológica. Y, por último, rectificar las omisiones y añadir a la investigación nuevas y diversas perspectivas criminológicas, para hacerlas más inclusivas y dignas del mundo en el que vivimos

Dentro de este marco teórico, la categoría Norte hace referencia principalmente a los estados de Europa Occidental y Norte América, mientras que la categoría Sur aglutina a América del Sur, Centro América, el Caribe, Asia y Oceanía. Esta distinción Norte-Sur, es más que una distinción geográfica, simboliza una jerarquía global en la producción del conocimiento, donde las periferias son inicialmente presionadas para servir a la “mina de información” que necesita la teoría de la metrópolis, donde se representa a las sociedades de los territorios colonizados como lo primitivo, lo tribal, o como sociedades pre-modernas.

En el artículo objeto de estudio se recogen importantes críticas que desde la criminología del Sur se ha realizado a la aplicación de teorías criminológicas del Norte, visibilizado el sesgo hegemónico y sus consecuencias en las sociedades del sur. Se expone en seis puntos las que consideré más relevantes para el contexto chileno.

En primer lugar, la criminología del Sur, ha denunciado la generalización y formas de análisis que implica la importación de las teorías del Norte. Como consecuencia de lo anterior, en segundo lugar, ha puesto de manifiesto que se han importado teorías y soluciones del norte que han sido aplicadas de forma automática a problemas locales sin existir una reflexión sobre las características de las sociedades del Norte y las del Sur, así como la diferencia de los problemas criminológicos y el origen de los mismos. Profundizando en esta línea, en tercer lugar, ha destacado que las teorías criminológicas del Norte se constituyen desde el paradigma del fenómeno urbano en las sociedades industriales capitalistas, marginalizando o no tomando en cuenta el carácter distintivo de la delincuencia en las zonas rurales o indígenas. Especialmente significativo es la falta de importancia que reciben los delitos que se comenten contra los pueblos originarios y el medio ambiente, asociados a la extracción de recursos, que donde produce sus mayores daños en los países del Sur. En cuarto lugar, la criminología del Sur, también ha servido para poner en valor las ideas producidas en la periferia, al demostrar que la importación de las teorías del Norte, no responde a una falta de producción científica local. Sino que se debe, a una infravolaración del trabajo que se realiza en el Sur, al existir un estereotipo sobre la superioridad y modernidad de las teorías el Norte. En quinto lugar, esta importación teórica contribuye a la ocultación de dos fenómenos, el primero, las historias de derramamiento de sangre y limpiezas étnicas que se produjeron durante la época colonial y posteriormente en la construcción de los Estados-Nación. Y el segundo, la existencia de importantes conflictos que vive el Sur Global derivados de la producción de droga. En sexto lugar, no se ha puesto el foco en los niveles excesivamente altos de encarcelamiento y criminalización indígena, la islamización contemporánea de la justicia penal ni en formas alternativas a la justicia, o respecto a las formas ancestrales de resolución de controversias.

En conclusión, como indican Carrigton, Hogg y Sozzo, el Sur es algo más que una mera referencia geográfica que divide el mundo, es también un indicador de las relaciones de poder que se manifiestan entre centro y periferia. Por ello, en el ámbito de la criminología, es urgente que repensemos la importación de las teorías del Norte de la penalización neoliberal en relación con la práctica del castigo en Chile y América Latina. Y lo hagamos desde las propias ideas que se generan en nuestras sociedades. En este sentido, las críticas a la importación des teoría del Norte en el contexto latinoamericano se ha trabajado desde los estudios decoloniales y en concreto a este fenómeno de importación del conocimiento, el sociólogo venezolano Edgan Langer lo ha conceptualizado como colonialidad del saber (Grupo de Estudios sobre Colonialidad, 2012).


Sheila Fernández Míguez, candidata a doctora en derecho penal. Universidad de A Coruña (España) Grupo de Investigación Criminalidad, Psicología Jurídica y Justicia Penal en el Silgo XXI (Ecrim). Universidad Autónoma de Chile, Instituto de Investigación en Derecho.