Por Lidia Casas y Lieta Vivaldi

Como es sabido, el 31 de enero de 2015 la presidenta Bachelet presentó un proyecto de ley que regula la despenalización del aborto en tres causales: riesgo para la vida de la mujer, malformación fetal incompatible con la vida extrauterina y violación. En esta columna queremos compartir los resultados de una investigación sobre aquellos casos comprendidos en la segunda causal.[1]

Luego de ser aprobado el proyecto por la Cámara de Diputados en marzo de 2016 la causal quedó redactada del siguiente modo: se podrá interrumpir el embarazo cuando “el embrión o feto padezca una alteración estructural congénita o genética de carácter letal”. El objetivo de la investigación fue documentar la experiencia de gestar y dar nacimiento a fetos con malformaciones incompatibles con la vida, en el contexto de absoluta prohibición como es el chileno. Entrevistamos a personal de salud de tres regiones del país (médicos/as, psicólogas, psiquiatras, matronas), mujeres que hubieran vivido la experiencia y parejas de mujeres. De este modo, pudimos explorar de qué forma las mujeres viven este tipo de embarazos y analizar el tratamiento que realizan los profesionales de salud. Seguimos el proceso desde el diagnóstico hasta la etapa post natal, comprobando que la actual situación de nuestro país vulnera gravemente derechos humanos de las mujeres que se encuentran amparados por tratados internacionales suscritos por Chile, tales como el derecho a la igualdad, derecho a no ser sometida a un trato cruel inhumano y degradante, derecho a la vida e integridad, entre otros.

Si bien no existe una lista taxativa sobre qué se entiende como “malformación incompatible con la vida extrauterina” o de las enfermedades letales, ya que eventualmente puede ser un cúmulo de enfermedades el que la determine, al menos hay en la literatura acuerdo sobre algunas de ellas.[2]

Las enfermedades fetales incompatibles con la vida pueden ser diagnosticadas en distintas etapas de la gestación. En Chile se realizan tres ecografías durante el embarazo: entre las semanas 11 a 14, 20 a 24 y 30 a 32. De acuerdo a las entrevistas, cuando la malformación es evidente, como el caso por ejemplo de un feto acráneo, se puede detectar en la primera ecografía pero muchas veces este diagnostico será más tardío. De todas formas, las nuevas tecnologías y los equipos interdisciplinarios han permitido mejores y más prontos diagnósticos pero algunos serán difíciles de descubrir. La forma, contenido y momento en que se comunica el diagnóstico es fundamental para la mujer. Generalmente quién dará la noticia es el ecografista pero también podrá ser el médico tratante. Las matronas habitualmente darán mayores detalles ya que son quienes tienen mayor cercanía y usan un lenguaje más claro lo que permite un mejor entendimiento de la situación. Hay consenso entre lxs entrevistadxs que después de un diagnóstico de este tipo, las mujeres quedan estupefactas; como nos relató una matrona, es una noticia que no esperan escuchar: a lo mejor se equivocaron, a lo mejor no entendí, existen los milagros. La gran incertidumbre que implica para las mujeres un diagnóstico de este tipo, no saber cuánto vivirá, si está sufriendo, qué consecuencias puede implicar para futuros embarazos, entre otras, provoca una fuerte angustia.

Con la confirmación del diagnóstico las mujeres empiezan a experimentar una serie de sentimientos que variarán en el tiempo, pero que conllevan enfrentar, como una mujer nos relató, un duelo permanente. En términos prácticos, comienza un largo e incierto proceso en el cual interactúan distintos profesionales, con o sin mayor coordinación. En los últimos años se han conformado en los hospitales públicos equipos interdisciplinarios de salud, pero en el sector privado se sigue tratando más individualmente, sin una visión en conjunto. Existen centros especializados de medicina materno fetal y las pacientes son derivadas allí; sin embargo, al no haber suficientes centros muchas mujeres deben realizar largos viajes, lo que implica mayor costo de tiempo, dinero y también emocional. No existen protocolos de actuación para atender estos casos por lo que su tratamiento dependerá del criterio del equipo de salud.

Luego de las primeras reacciones de mayor incredibilidad de parte de la mujer, se producen frecuentemente otros sentimientos, como el de sentirse incapaz de gestar una buena vida o de cumplir los roles de mujer o de madre. Durante el embarazo, las mujeres experimentan un proceso de negación, minimización y culpabilización. Como nos relató un grupo de matronas, aparece la culpa, incompetencia y también vergüenza hacia la familia y la pareja porque “cómo no fui capaz de gestar un buen hijo. Las mujeres también se preguntan “por qué esto me pasó a mi”; se comienzan a preguntar quién en la familia tiene “algo” para responsabilizar o no a la pareja, o tratar de explicar por qué, a pesar de haberse cuidado tanto, esto sucedió, “algo fue, algo que comí… el sushi puede haberme hecho mal”. Asimismo, durante el embarazo, como nos relató una psiquiatra y una mujer entrevistada, hay una constante preocupación por si el feto se mueve o no, para saber si murió o sigue vivo. Todo lo anterior, genera mucha angustia, que se expresa en lo declarado por una de las mujeres entrevistadas: “una come algo dulce para que se mueva”.

Si bien existen algunos riesgos para la salud física de la mujer que son propios del embarazo, especialmente si presenta alguna precondición, el mayor riesgo es para su salud psicológica. Sin embargo, el conseguir licencias médicas por este motivo es complicado, sin considerar que además, estas mismas mujeres, enfrentarán constantemente a felicitaciones por su embarazo o preguntas incómodas sobre su estado.

En algunos hospitales se cuenta con apoyo psicológico, especialmente a través del programa Chile Crece Contigo, pero esto no siempre es así. En los recintos privados de salud se deben enfrentar altos costos y la situación es diferente, pero aun así una mujer nos relató que sintió muy poca empatía y sensibilidad de parte de los profesionales de la clínica privada donde se atendió.

Como en Chile no está permitido el aborto terapéutico, es poco lo que se puede ofrecer desde el punto de vista médico. La mujer, aunque no lo desee, deberá seguir con embarazo o bien, si está a tiempo, podrá abortar usando la pastilla misopostrol (que se aconseja hasta las 12-14 semanas) o viajar al extranjero si tiene los medios para ello. Las opiniones fueron divididas en cuanto a la solicitud de un aborto, si dependiendo de la clase social tenderán a abortar más o menos o su opinión al respecto. Muchxs médicxs concuerdan que en la consulta no sienten la confianza para plantear este tema que es ilegal y por ello las mujeres deben resolverlo la mayoría de las veces por su cuenta o bien llegan a término. Lo que en algunos hospitales se ofrece es el llamado “adelantamiento del parto”, que consiste en hacer maniobras médicas para detener la gestación después de que se considere aborto, es decir, después de las 22 semanas (de acuerdo a la OMS). En nuestra investigación obtuvimos diversas respuestas ante la pregunta de si en los recintos se realiza o no esta práctica, si es permitida o no, pero lo cierto es que en algunos hospitales el personal médico lo realiza con naturalidad.

El momento del parto marca una gran diferencia respecto al sistema público y privado. Es un momento muy importante porque para algunas mujeres serán los pocos minutos en que puedan conocer a su hijo/a antes que muera. En el sistema privado la mujer tiene una habitación generalmente sola y puede vivir el momento con mayor privacidad. En el sistema público, por el contrario, no existe la infraestructura y la privacidad que pueda tener la mujer y su familia dependerá del propio personal médico quienes a veces intentarán crear un espacio respetuoso:

A veces la mujer llega a la camilla y ve a otras mujeres con sus bebés en brazos. Uno se da cuenta y trata de poner un biombo de separación, pero igual está la mamá con el bebé llorando al lado de ella.

También existe una gran diferencia si el bebé fallece al nacer, sobrevive unos minutos o incluso unas semanas después del parto. Cuando se prolonga la vida es en condiciones muy difíciles que implican un gran desgaste para la mujer y su entorno. Una especialista reflexiona, “cuando uno dice que estos embarazos pueden terminarse antes de tiempo, hay gente que se opone porque el feto puede sobrevivir un mes o dos meses. ¿Esa sobrevivencia es sobrevivencia o larga agonía?”.

El duelo también es muy difícil de vivir ya que, como señala una psicóloga, “a las mujeres en nuestra sociedad se les da poco espacio para vivir sus penas porque si una para se cae la casa”. Tampoco hay posibilidad real de hacer seguimiento posterior a un año del parto.

Respecto al proyecto, las mujeres entrevistadas que vivieron la experiencia coinciden que es fundamental que exista la posibilidad de optar. La gran mayoría del personal médico coincide que al menos esta causal debería ser legalizada. Por ejemplo, una matrona nos señaló que la actual legislación le afecta profundamente, ya que no puede proporcionar una atención coherente con los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. Otra doctora consideró aberrante la actual legislación, “si existe el diagnóstico prenatal, si la medicina ha progresado tanto, tienen que existir conductas terapéuticas de intervención que sean coherentes con ese progreso”. Una psicóloga nos comentó que “la legislación no sólo sanciona y prohíbe, sino que también genera una narrativa social en que está prohibido hablar y referirse a esto. Y para estos traumas es muy delicado”.

Si bien el proyecto actualmente en debate es muy limitado (ya que sólo regula casos excepcionales que no implican una real autonomía y capacidad de decisión de la mujer respecto a sus derechos sexuales y reproductivos), el que siga prohibido abortar, al menos en estas tres causales, es absolutamente impresentable. Como se desprende de nuestra investigación, las mujeres sufren importantes daños psicológicos y hacia su dignidad cuando se les prohíbe interrumpir un embarazo inviable. Todas las encuestas realizadas muestran una alta aprobación para legalizar el aborto en caso de inviabilidad. En la última encuesta publicada por Humanas, el 75% de las mujeres la respalda. Creemos que la actual legislación no contempla las necesidades de las mujeres en estos casos, dañando gravemente su dignidad e integridad, por lo que una reforma que garantice el acceso a interrumpir la gestación  es absolutamente necesaria.

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[1] La investigación fue aprobada por el Comité de Ética de la Universidad Diego Portales y se realizó  en julio del 2015. Participaron, además de quien escribe, Lidia Casas y Juan José Alvarez como investigadores, y Georgina Conway y Jessica Tueller como asistentes de investigación

[2] Como la agenesia renal bilateral, el síndrome de Potter; acránea/anencefalia; displasia esquelética; trisomía 13 o 18, entre otras.


Lidia Casas es doctora en derecho por la Universidad de Ottawa y académica de la Universidad Diego Portales. Lieta Vivaldi es abogada de la Universidad de Chile y candidata a doctora en sociología en Goldsmiths, Universidad de Londres.