Por Juan Pablo Vásquez Bustamante

Hace poco más de tres años, Podemos iniciaba una marcha que en un corto tiempo modificó el mapa político español y lo convirtió en objeto de debate para las izquierdas en diversas partes del mundo.

Había en Podemos una serie de elementos interesantes, entre ellos: una capacidad comunicacional que evidentemente no era espontánea; un despliegue político a partir de una hipótesis mediático-populista (Figueroa y Thielemann, 2015); y la referencialidad que encontraba en determinados procesos latinoamericanos del siglo XXI.

Aquella particular atención por América Latina parecía interesante. Podemos buscaba decodificar determinadas experiencias del denominado “ciclo progresista”, e incorporar algunas de sus claves en su política. Podía apreciarse, incluso, en parte de su dirigencia y sus caras madrileñas más visibles, una suerte de fijación por algunos de los procesos, líderes e intelectuales latinoamericanos.

Sin embargo, una vez ya consolidados como fenómeno político-comunicacional, sin terminar esa relación con América Latina, surgió un segundo canal dentro de esa misma forma de vinculación, el cual paradójicamente fluye en la dirección opuesta. Es decir, en este nuevo circuito, la búsqueda de referencialidad no proviene de Podemos, sino de  una parte de la propia Latinoamérica.

Y es que, en la actualidad, pareciera que algunos organismos y personalidades de las denominadas fuerzas emergentes de izquierda (FEI) en Chile, partes del naciente Frente Amplio, tuvieran su propia y particular fijación  por Podemos, o, incluso, por  parte de su dirigencia y sus caras madrileñas más visibles.

En este contexto, existen una serie de situaciones aparentemente espontáneas y de forma, que podrían interpretarse como expresión de aquello. Mientras, con una mirada un poco más profundizadora, es posible identificar elementos de lo que se empieza a dibujar como su política electoral, que bien podrían circunscribirse en la hipótesis populista de Podemos. A continuación, algunos apuntes al respecto.

Simbología y construcción de imágenes

Existen acciones desarrolladas y símbolos utilizados por algunas FEI y sus dirigentes, que podrían interpretarse como una reproducción de situaciones protagonizadas por Podemos y sus personalidades.

En este marco pueden observarse detalles, como subir a cuentas de Twitter fotos de libros subrayados y con  apuntes personales, en un espontáneo afán de intercambiar opiniones con seguidores virtuales, o en la intencionada búsqueda de proyectar determinada imagen. Acción recurrente en Pablo Iglesias, que ha replicado el diputado Boric.

Así mismo, es posible apreciar el color morado en las banderas del Movimiento Autonomista, el cual es utilizado desde sus inicios por Podemos.  Desde una perspectiva más abstracta, presumiblemente en la misma lógica, se ha adoptado el término casta para referirse a las clases y capas dominantes, al igual que desde los adherentes a la precandidatura de Beatriz Sánchez, en actos y presentaciones, se ha escuchado el coro: Sí se puede.

Bajo esta dinámica, durante el año 2015, conducido por Francisco Figueroa, militante de Izquierda Autónoma y miembro de la Fundación Nodo XXI, se publicó por youtube.com el programa “Salida de Emergencia”. El cual prácticamente reproducía, no solo el formato, sino  incluso las secciones de los programas de televisión: “Otra Vuelta de Tuerka” y “Fort Apache”. Ambos ligados a Podemos, y con Pablo Iglesias como conductor.

En una búsqueda aún más directa y evidente de vinculación, pueden contarse viajes a España de líderes de algunas FEI y encuentros con sus pares de Podemos y organismos afines. Instancias posteriormente difundidas por dirigentes chilenos a través de fotos en sus redes sociales.

Estas situaciones podrían considerarse accesorias. Bajo lo cual, vincularlas a la propuesta central que plantea este trabajo caería en una sobre-interpretación. Una lectura exagerada y antojadiza de antecedentes burdos.

O bien, podrían interpretarse como un acto casi reflejo de reproducción y copia producto de una relación asimétrica de referencialidad e influencia, en la cual se funden el acervo intelectual con la “polera estampada”, y donde las fotografías en redes sociales junto a Pablo Iglesias serían expresión de aquello.

Sin embargo, así como Podemos ha desarrollado una planificada estrategia comunicacional y discursiva, donde prácticamente nada queda al azar, desde publicaciones en Twitter  hasta participaciones en televisión y radio, la reproducción de símbolos ya apropiados y significados por Podemos podría ser parte de una estrategia de algunas FEI, en función de construir una imagen que proyecte sobre el país lo que Podemos proyecta sobre España.

Presumiblemente, la razón de esta referencialidad, búsqueda de asimilación y reproducción de comportamientos y símbolos, radica en una mezcla de las dos últimas alternativas.

La imagen de lo común y la nostalgia por lo foráneo

Esta búsqueda de referencialidad se manifiesta en ciertos elementos de lo que empieza a dibujarse como la política electoral de algunas FEI, así como en el propio lugar que lo electoral pareciera ocupar en su política.

Su falta de anclaje en el mundo social  pareciera intentar ser compensada a través de la tribuna de los procesos electorales y sus caras visibles en aquellas instancias. Las elecciones y sus campañas se constituyen en un campo para acumular, más que un espacio donde verter lo acumulado. La atención se concentra en las candidaturas exhibidas a través de los medios de comunicación, desplegando una suerte de marketing político-electoral.

En este sentido, parte de las precandidaturas de Alberto Mayol y Beatriz Sánchez parecen responder a una lógica que encuentra referencia en la  hipótesis mediático–populista de Podemos.

Ambos son personalidades externas al mundo de lo que el grueso de la población entiende como la política. Representan una imagen contraria a aquella. Por tanto, en momentos de desprestigio de los partidos, además de estar limpios de una suerte de pecado original, son susceptibles de encarnar a la ciudadanía en el establecimiento de una relación de oposición entre esta y el duopolio.

Tampoco provienen de la tradición de izquierda, incluso carecen de militancia. Y aunque se plantean críticos al neoliberalismo chileno, evitan establecer definiciones ideológicas. Manteniendo, sobre todo Sánchez, una construcción discursiva predominada por generalidades en torno al descontento con el modelo sostenido por el duopolio. Lo cual les facilitaría una acumulación transversal y convocante de diferentes identidades y sensibilidades tras ese desagrado social, apelando a una ciudadanía que no se involucra con la política y evitando la clasificación de izquierda.

Por otro lado, ambos carecen de presencia en las luchas sociales. Sin embargo, su ancha exposición en los medios de comunicación, su carácter mediático, sería el puente que les permitiría articular una serie de sensibilidades sociales, demandas individuales y demandas populares en torno a su propia persona-personalidad-liderazgo, constituyéndose ellos mismos en la imagen de lo común.

Ambos son sacados desde la televisión e instalados en la tarima de un proceso electoral: Mayol en una suerte de mixtura entre autoproclamación  y encuentro a medio camino con una organización en busca de candidato; y Sánchez en una literal designación de líderes de partido y posterior ratificación de la militancia.

En ambos casos, se toma una personalidad con figuración mediática y se le trasplanta como la cara visible a un cuerpo del que no era parte, para enfrentar una coyuntura electoral. Operación que desnuda dos riesgos: heredado del populismo clásico latinoamericano, reproducir la dinámica de  una experiencia política con un discurso de horizontalidad, pero con una práctica vertical y personalista; y, heredado del populismo mediático de Podemos, un proceso político socialmente reconocible, pero con mayor penetración y actividad en los medios de comunicación y las plataformas de internet que en las luchas sociales, con más “me gusta” que base popular real.

La propuesta de consulta ciudadana presidencial online del Frente Amplio y las elecciones internas de Revolución Democrática con voto electrónico son expresivas de este último punto.

Por cierto, establecer procesos vinculantes por internet en un país con un 44% de analfabetismo funcional (Correa, 2013), 36% de analfabetismo digital (Miranda, 2013)  y una brecha en esta materia donde el quintil de ingresos más altos triplica al de ingresos más bajos (Jimeno, 2015), pareciera desconocimiento o una suerte de incomodidad con la realidad del país, y una nostalgia por lo foráneo.

Reflexiones finales

¿Por qué un proyecto político europeo que encontró una serie de elementos referenciales en América Latina, en una extraña suerte de recorrido triangular, de pronto se vuelve tan influyente para una parte de los propios latinoamericanos?

¿Por qué es tan referencial la traducción hecha en España por una parte de Podemos respecto a la obra de Laclau, y no la experiencia latinoamericana a partir de la cual Laclau desarrolló su obra?

¿Por qué leer la traducción pudiendo acceder al original? ¿Por qué ese afán por intentar hacer la traducción de una traducción, la copia de una copia?

Más complejo y problemático aún, ¿Por qué buscar en subjetividades foráneas cuasi primermundistas, lo que debería encontrarse en medio de la materialidad propia?

En Chile el empresariado ha colonizado transversalmente los partidos. Sin embargo, también es preciso tener cuidado con contribuir en la colonización de tu propia política.


Juan Pablo Vásquez Bustamante es candidato a Doctor en Estudios Americanos con especialidad en Estudios Internacionales (IDEA-USACH). Magíster en Estudios Internacionales (IDEA-USACH). Coinvestigador Fondecyt N° 1150569.